Imagen principal: De una pregunta simple a una ciudad convertida en juego

De una pregunta simple a una ciudad convertida en juego


Cómo nació Entre Diagonales y por qué decidimos convertir el recorrido por La Plata en una experiencia para jugar, descubrir y mirar la ciudad de otra manera.

¿Cómo hacemos para que alguien recorra La Plata de una forma distinta, divertida y con una razón real para levantar la vista?

Esa fue la pregunta que dio origen a Entre Diagonales.

No empezamos por la tecnología. No dijimos “hagamos algo con inteligencia artificial” ni “usemos React Native”. Antes que eso apareció una intuición: La Plata tiene una identidad urbana inconfundible, pero gran parte de la experiencia turística digital todavía responde a una lógica bastante tradicional.

Abrís una aplicación. Buscás un lugar. Leés una descripción. Mirás una foto. Seguís un mapa.

Es útil. Pero nosotros queríamos que descubrir la ciudad fuese una experiencia activa: que las plazas, diagonales, monumentos e historias no quedaran detrás de una pantalla, sino que invitaran a salir a buscarlos.

Vista aérea de la trama urbana de La Plata

De una guía turística a una ciudad para explorar

La idea empezó a tomar forma cuando pensamos La Plata como un tablero de juego.

En Entre Diagonales, una persona no solo recibe información sobre lugares históricos. Elige un recorrido, se mueve físicamente entre sus paradas y completa desafíos vinculados a lo que tiene delante. Cada punto puede ofrecer contexto cultural, una trivia, una recompensa o una misión que se resuelve usando la cámara del teléfono.

La intención nunca fue esconder el contenido detrás de mecánicas arbitrarias. Queríamos que descubrirlo tuviera valor propio.

Una trivia cobra otro sentido después de haber llegado al lugar sobre el que pregunta. Un objeto secreto invita a observar una plaza con más atención. Y un monumento deja de ser una imagen dentro de una pantalla cuando hay que encontrarlo en el mundo real para poder avanzar.

La ciudad no debía ser el fondo de la aplicación: debía convertirse en parte de la interfaz.

Gamificar para incentivar la exploración

Cuando se habla de gamificación, suele pensarse en puntos, insignias y rankings. Entre Diagonales también incluye niveles, experiencia, monedas, gemas, logros, trivias, objetos secretos y una tabla de clasificación.

Pero el desafío no era sumar esos elementos: era lograr que tuvieran sentido dentro de la experiencia.

La progresión tenía que acompañar al recorrido. Por eso, completar una parada suma experiencia; resolver una trivia puede otorgar monedas; encontrar un objeto secreto desbloquea una recompensa; y terminar un recorrido representa un avance real dentro de la cuenta del usuario.

El progreso digital existe porque antes hubo una acción física.

Ese vínculo entre lo que ocurre en la pantalla y lo que ocurre en la ciudad fue una de las decisiones de producto más importantes del proyecto. No queríamos que la aplicación compitiera por atención con La Plata, sino que le diera al usuario un nuevo motivo para recorrerla.

Pantallas de Entre Diagonales que muestran recorridos y recompensas

¿Había espacio para una propuesta así?

Antes de desarrollar, analizamos distintas aplicaciones vinculadas al turismo. Vimos dos enfoques muy marcados.

Por un lado, muchas soluciones locales funcionan como guías digitales: permiten descubrir lugares, consultar mapas y leer información. Son herramientas valiosas, aunque la interacción suele parecerse a la de un folleto llevado a una pantalla.

Por otro lado, existen plataformas globales para descubrir actividades, reservar experiencias o planificar viajes. Son productos amplios y potentes, pero rara vez están construidos alrededor de la identidad particular de una ciudad.

Ahí encontramos la oportunidad que nos interesaba explorar. No se trataba de agregar “más funciones”, sino de integrar en una misma experiencia cuatro dimensiones:

  • identidad local;
  • narrativa histórica;
  • gamificación;
  • reconocimiento visual.

Entre Diagonales fue pensado específicamente desde La Plata: sus recorridos, sus plazas, sus monumentos y su patrimonio arquitectónico. La tecnología no sería el centro del relato; sería el medio para que la ciudad volviera a ocuparlo.

La cámara no debía leer un código: debía mirar un monumento

En algún momento apareció una pregunta técnica que redefinió buena parte del proyecto: ¿cómo verificamos que una persona encontró el lugar correcto?

La alternativa más simple era usar códigos QR. La persona llega, encuentra una etiqueta, la escanea y continúa. Es una solución válida y mucho más sencilla de implementar.

Pero tenía una limitación conceptual: con un QR, el usuario busca una señal que nosotros agregamos al espacio. Con reconocimiento visual, busca el propio monumento.

La diferencia puede parecer pequeña, pero cambia por completo la interacción.

La cámara deja de ser un lector de códigos para convertirse en una herramienta de exploración. En lugar de seguir una pista artificial, la persona tiene que observar el entorno, reconocer sus formas y acercarse al patrimonio que está recorriendo.

Así incorporamos inteligencia artificial visual como una de las mecánicas centrales de Entre Diagonales. A partir de esa decisión, dejó de ser solamente una aplicación móvil con rutas y gamificación: pasó a ser un sistema donde el mundo físico y la experiencia digital se validan mutuamente.

Pantallas del reconocimiento visual de monumentos

Un producto que obligaba a salir del escritorio

Una particularidad del proyecto es que muchas decisiones no podían validarse desde un emulador.

La experiencia dependía de condiciones que solo aparecen afuera:

  • la precisión del GPS;
  • la iluminación;
  • la distancia y el ángulo frente a un monumento;
  • la calidad de la conexión móvil;
  • el rendimiento de cada dispositivo;
  • la claridad de una indicación mientras alguien camina.

Eso cambió nuestra forma de desarrollar. El ciclo dejó de ser solamente programar, ejecutar y corregir. Muchas veces era programar, generar una build, salir a la ciudad, caminar un recorrido, detectar un problema y volver al código.

Esa dinámica llevó a Entre Diagonales mucho más cerca de un producto real que de una simple demostración académica.

De tesina a experiencia real

Entre Diagonales nació en el marco de una tesina de la Licenciatura en Sistemas, pero desde el inicio quisimos que no terminara en una presentación o en un repositorio.

La meta era construir un prototipo funcional: una aplicación instalable, utilizable en la ciudad y comprensible para personas que no conocieran ninguna de las decisiones internas del proyecto.

Eso implicó diseñar y desarrollar una aplicación mobile, una API, autenticación, una base de datos, lógica de progreso, mapas, notificaciones, reconocimiento visual y un sistema completo de gamificación.

Pero, sobre todo, confirmó algo que al comienzo era solo una intuición: la tecnología puede acercarnos a una ciudad sin exigirnos que miremos una pantalla todo el tiempo.

Puede hacer exactamente lo contrario.

Puede darnos una razón para levantar la vista.

Entre Diagonales no busca reemplazar la experiencia de recorrer La Plata. Busca amplificarla.

En el próximo artículo vamos a bajar un nivel y contar cómo organizamos técnicamente el proyecto: la aplicación mobile, el backend y el reconocimiento visual como capas independientes.